Â
Me resulta gratificante observar como aquellos que viven instalados en el grito, la estridencia y la reivindicación facilona poseedores ellos de soluciones para todo, eso sÃ, a cual más simple, una vez más se ven desmentidos por la voluntad popular.
El único mecanismo para determinar objetivamente el apoyo o rechazo que una gestión de gobierno produce son las elecciones. Es por ello que, habiéndose valorado la semana pasada la labor realizada por los gobiernos gallego y vasco, se constata que el gobierno del Partido Popular amplÃa su mayorÃa absoluta y el socialista se desploma.
Supongo que a más de uno se le habrá caido el pito de la boca al advertir lo alejados que están de la calle que dicen representar.
No cometeré la torpeza de hacer una analogÃa absurda e interpretar que como los gallegos han apostado por las polÃticas del PP los valencianos también lo harán, ahora bien, lo que nadie puede discutir es que lo han venido haciendo cada vez que se les ha consultado en los últimos años y, por más que se produzcan concentraciones de personas, más o menos numerosas, dispuestas a expresar su malestar, en muchos casos perfectamente comprensible, la realidad es que se representan a sà mismos y no al conjunto de la ciudadanÃa, por más que a algunos les duela reconocer esta realidad.
Cierto es que estas elecciones han certificado el extrepitoso fracaso del PSOE que, una vez más, infravalorado la inteligencia de los españoles, concurrió a estos comicios tratando de eludir su responsabilidad y pretendiendo rentabilizar polÃticamente la frustración existente en un gran número de ciudadanos que, lejos de visualizarles como una alternativa seria y solvente, les ven como lo que son, los principales responsables de haber quebrado el paÃs.
Es evidente que recomponer un paÃs en quiebra no es tarea de un dÃa ni de dos, resulta imprescindible adoptar reformas que conllevan sacrificios ineludibles, ahora bien, conviene tener presente que son estas reformas las que posibilitarán la recuperación económica y, por tanto, oponerse a ellas es oponerse a la solución del problema.
Algunos sostienen que Vinaròs dice basta, en fin, yo no me atrevo a cometer la osadÃa de hablar en nombre de todo un pueblo pero lo que sà hago, como vinarocense, es decir basta al insulto, basta a la demagogia y basta a que algunos se otorguen una representatividad que nadie les ha conferido.
Â